¿Quién soy yo?

Hola a tod@s. Me llamo Silvia y tengo 43 años. Vivo en Madrid y me considero católica (aunque el obispo seguramente que tendría una opinión diferente). Llevo 19 años casada, tengo un maravilloso esposo y dos hijos. Mi esposo y yo somos ambos muy felices. Pero esto no siempre ha sido así.

Como podéis ver, me casé relativamente pronto. Desde el primer momento tuve claro que él era el hombre de mi vida y tras 19 años de matrimonio y dos de noviazgo sigo pensando lo mismo. ¡No cambiaría a mi esposo por nadie! Anteriormente a él he tenido dos novios – el segundo de ellos fue quién me desvirgó.

En los últimos cinco años me he acostado con más de veinte hombres y es en estos años cuando mi marido y yo estamos siendo más felices en el matrimonio. ¿Acaso le soy infiel a mi marido? ¡Rotundamente no! Mi marido no solamente conoce al detalle mis aventuras sexuales sino que además me anima a ellas. Y aunque cuando estoy con otro hombre mi cuerpo es suyo, en mi mente siempre está mi marido: pensar cómo se excita con mis encuentros es lo que realmente los hace interesantes.

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¿Por qué ser una hotwife?

Al principio de una nueva relación todo es mucho más fácil. El enamoramiento consiste en unas sustancias químicas que segrega el cerebro y que producen un efecto similar al de una droga: por eso queremos estar tanto con la persona a la que amamos y por eso nos sentimos felices a su lado. Naturalmente no todo es química, pero es una parte importante.

Pero con los años la excitación e interés que se siente por la otra persona decaen. Eso no significa que ya no se ame a esa persona, solamente es que la rutina de la convivencia ha hecho que la pasión decaiga. Es algo natural y sucede en la mayoría de los matrimonios.

“Es fácil enamorarse, lo difícil es mantenerse enamorado.”

En nuestro matrimonio, como en tantos, ocurrió exactamente eso. Nos llevábamos bien, nos queríamos, no discutíamos, pero no había pasión. De hecho, “follábamos menos que un casado”: hacíamos el amor como una vez al mes. Cuando lo hacíamos, era bonito aunque también algo aburrido, faltaba la chispa. Hoy reflexiono sobre ello y aunque no teníamos problemas en el matrimonio, creo que esa situación tenía un elevado riesgo de embocar en una infidelidad o sino en una la infelicidad por una o ambas partes.

Afortunadamente eso ha cambiado drásticamente. Ahora mi marido y yo mantenemos relaciones sexuales por norma general varias veces por semana (eso no significa que él se corra siempre: ejercemos juntos un control de sus orgasmos, limitándolos a una vez cada una o dos semanas, lo cual aumenta aún más su apetito hacia mi).

Nuestra vida es más plena y excitante que antes y el nivel de comunicación y compenetración entre mi esposo y yo ha aumentado enormemente. ¡Nos sentimos cómplices en el crimen y nos amamos más que nunca!

Llevo siendo hotwife desde hace unos cinco años y en retrospectiva si tuviéramos que tomar de nuevo la decisión, mi marido y yo nos decidiríamos sin dudarlo de otra vez por este estilo de vida.

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¿Qué es una hotwife?

La traducción de hotwife al castellano es la de esposa caliente. Se trata de una mujer que con el consentimiento y apoyo de su marido está abierta a tener sexo fuera del matrimonio. Apoyo significa por un lado que la anima a ello pero también que está involucrado en cada uno de los pasos (esto puede ser de forma más activa y presencial o de forma pasiva a través de los relatos de su mujer).

¿Y eso cómo puede salvar mi matrimonio? Pues fácil: haciéndolo más picante, haciendo que tú te sientas más sexy y satisfecha contigo misma y haciendo que tu marido te encuentre también más sexy y esté más interesado en ti. Pero vayamos poco a poco.

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La propuesta de mi marido

Fue mi marido el que me propuso que para avivar nuestro matrimonio tuviese sexo fuera de él. Mi reacción no fue diferente a la vuestra, os lo puedo asegurar.

Primero pensé que su objetivo era tener él una excusa para tener sus propios ligues, pero él me juraba que no era el caso. Ante su insistencia, poco a poco me fui informando y efectivamente hay muchos hombres a los que les excita ver o pensar que su mujer está con otro y no tienen ninguna intención de tener sus propias aventuras.

Luego pensé que no me querría. ¿Cómo puede querer compartirme con otros hombres si realmente me quiere? Yo desde luego no aceptaría que mi marido estuviera con otra mujer. Lo pasé muy mal durante un tiempo, pero accedí a que me contara sus fantasías mientras hacíamos el amor. Pronto me dí cuenta que él se excitaba mucho, que hacíamos con mayor frecuencia el amor y con más intensidad. Por contradictorio que pareciese, efectivamente esto hacía que me quisiera y deseara más.

Y tengo que decir que esas fantasías tan extrañas e impensables para mí, también excitaban. No me quedó más remedio que reconocerle a mi marido que el mero hecho de fantasear con ello había mejorado nuestra vida sexual y nuestra relación (a raíz de la confesión de mi marido de que eso le ponía, hablamos de muchas más cosas que nos afectaban, nuestros deseos y fantasías: habíamos conseguido mejorar nuestra comunicación).

 

Yo no me veía teniendo sexo con otro hombre

El problema era que yo no me veía teniendo sexo con otro hombre. Soy muy tradicional para esto y nunca se me había ocurrido como mujer casada. No es que estando casada no se me hubieran insinuado otro hombres sino que simplemente pasaba de esas insinuaciones.

Esto es algo difícil de entender para un hombre. Para ellos el sexo es simplemente eso: dado un suficiente atractivo físico, ellos no tendrían ningún problema en acostarse con otra mujer. Si no lo hacen es porque como hombres casados así lo deciden pero no porque no se les haya pasado por la cabeza y no hayan fantaseado con ello.

Ninguno de los demás hombres me parecía suficientemente atractivo (no por su físico sino que por el conjunto) como para planteármelo. ¡Hombre, a lo mejor George Clooney… pero no vive precisamente cerca de aquí!

Seguramente que muchas de vosotras pensáis ahora mismo igual que pensaba yo antes de iniciarme. Para tener cierto atractivo, tendría que tratarse de una persona conocida, pero para mantener en secreto este estilo de vida, mejor que se trate de un desconocido. ¡De verdad, no me veía acostándome con alguien quien acabase de conocer en la discoteca por ejemplo!

¡Pero ahí está el error y por partida doble!

En primer lugar, ser una hotwife no significa que te tengas que acostar con nadie. (Al menos al principio) ¡El mayor órgano sexual es el cerebro, no los genitales! Para empezar, no pienses en que acabar en la cama va a ser el objetivo. ¡Simplemente acepta flirtear con un desconocido y disfruta del momento!

Verás que poco a poco le irás cogiendo el gusto a esto y te sentirás mejor. En mi caso, sabiendo que tenía permiso para ir más allá, flirtear había adquirido una nueva dimensión para mi. Aún cuando no tuviera ninguna intención adicional, simplemente saber que tal vez e hipotéticamente podría ocurrir algo más, lo hacia excitante y me provocaba que me sintiera mejor con lo que hacía.

Mi marido y yo hacía “siglos” que no salíamos de noche por ahí para divertirnos y me pareció buena idea volver a nuestros tiempos jóvenes y salir a bailar a las discotecas. Mi marido me rogó que le permitiera dejarme sola mientras él observara y que yo simplemente estuviera abierta a flirtear si alguien intentaba ligar conmigo. La verdad es que la situación me incomodaba un tanto, pero acabé accediendo a sus deseos (me dije que lo hacía solamente por él, pero en lo más hondo sé que yo también estaba deseosa de saber qué pasaría).

Así nos tiramos un tiempo y mi marido se ponía como una moto cuando me veía tontear con otros hombres. ¡Solamente con un paso relativamente inocente y totalmente inocuo nuestra vida sexual y matrimonial ya había mejorado! Y yo por mi parte cada vez me sentía más cómoda con la situación y disfrutaba realmente de ello. Sinceramente, chicas, ¿a quién de nosotras no nos gusta que los hombres nos piropeen y nos muestren que les resultamos atractivas?

Del flirteo pronto pasé a bailar sexy con los que me parecía que merecía la pena: afortunadamente pretendientes no me faltaban. Todo seguía siendo relativamente inocente y sexo con otros (de momento) no había. Pero para mi marido y para mi inicialmente esto era suficiente y como os decía, tenía un efecto muy positivo sobre nuestra relación. Repito lo arriba dicho: el mayor órgano sexual es el cerebro.

Ninguno de los demás hombres me parecía suficientemente atractivo

Efectivamente, yo miraba a los demás hombres y ninguno de ellos me parecía suficientemente bueno como para tratar de buscar algo que ya tenía con mi marido (¿Lo tenía de verdad? ¿Una vida sexual aburrida (por culpa de ambos) era tenerlo? A todos les sacaba algún defecto: que si no es muy guapo, que si parece tonto, que si es prepotente, que si…

A ver chicas, no vais a encontrar fuera del matrimonio al hombre perfecto: ¡Este ya lo tenéis en casa y es vuestro marido! Pero es que no se trata de buscar el mismo perfil de hombre. Olvidaros de todos los requisitos que tuvisteis en su día para buscar una pareja estable y que al final os permitió encontrar a lo que hoy es vuestro esposo. ¡Aquí se trata únicamente de sexo, posiblemente sexo esporádico! La persona a la que buscáis no tiene por qué ser excesivamente culta, inteligente… ni tan siquiera tiene por qué ser demasiado guapa. Se trata de jugar un juego pasajero, no de pasar el resto de la vida juntos.

Si somos medianamente atractivas, no nos faltarán pretendientes como para poder seleccionar una candidato mínimamente atractivo.A mí al principio me costó bajar el listón pues a todos le encontraba alguna pega. Pero sinceramente, mi marido es fantástico pero tampoco es George Clooney. Me costó un poco abrirme (no solamente de piernas, jajaja), pero ahora disfruto con flirtear con cualquier hombre, y los que están bien, no dudo en considerar llevármelos al huerto. Para lo que se trata, no os olvidéis que al final una polla es una polla y punto.

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¡Aprovecha cualquier oportunidad para flirtear!

Mi marido me confiese que lo que más cachondo le pone es verme coquetear con otros hombres, sabiendo que si lo deseo puedo (y en muchas ocasiones es el caso), puedo ir más allá de meras palabras con ellos. A él le pone tener una mujer caliente y segura de sí misma, dispuesta a probar todos los frutos prohibidos que ofrece la vida. Saber esto me ha dado más seguridad en mí misma y ahora disfruto muchísimo del ligoteo: aprovecho cualquier oportunidad para tontear y poner cachondos a otros hombres y sobre todo gozo haciéndolo delante de las narices de mi marido (porque sé que a él le pone eso mucho).

Con la mayoría son solamente palabras, pero con bastantes paso a los roces, los besos y los tocamientos.

Mi marido me asegura que esa fase es la que más le excita: saber que de repente puede verme besándome con otro tío y que este incluso tenga permiso de tocarme el culo, las tetas y si el tío me gusta, también mi sexo y todo delante de sus narices.

A veces puede estar en la discoteca en sus brazos y al mismo tiempo ligar con otros a través de gestos y miradas. Ellos se creen que mi marido no lo sabe pero en realidad le cuento todo lo que hago y él siempre me anima a hacer más… siempre tiene alguna idea creativa.

Como podéis ver, hay muchas cosas que podéis hacer sin llegar al sexo. Aun así entiendo que el primer paso no os resulte fácil, para mi desde luego que no lo fue y si lo dí fue por satisfacer a mi marido que me llevaba insistiendo mucho (mentira cochina, reconozco que también fue porque me picaba la curiosidad y me excitaba la idea tanto como me chocaba).

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Mi marido quería más

El ligoteo, los roces y los besos era algo que estaba muy bien. La primera vez fue la más difícil pero tras mi segundo “ligue” yo empezaba a sentirme como una mujer nueva: me sentía sexy y poderosa. Y al mismo tiempo la atención de mi marido había aumentado, y no solamente en la cama.

Gracias a este estilo de vida mi marido se había convertido en el príncipe azul que yo siempre había deseado y nuestro matrimonio funcionaba mejor que nunca.

Él me ha confirmado que verme en los brazos de otro hombre le produce oleadas de sensaciones: celos y excitación se alternan y pasan por su cuerpo como escalofríos según me comenta. Y también me asegura que al mismo tiempo siente admiración por mí, por mi atrevimiento y mi seguridad en mí misma. Y yo por mi parte confieso que cada vez lo quiero más y le estoy muy agradecida por este magnífico regalo que me ha hecho.

Pero todo esto no era suficiente, mi marido quería más, quería que me llevara a alguno de mis ligues a la cama. Y ya en este fase, yo también quería más – había entrado de lleno en el juego y estaba disfrutando.

La foto dice: “¿Entonces me estás diciendo que puedo hacerlo con cualquiera quién yo desee y en cualquier lugar? ¿Y que lo único que tengo que hacer es contarte los detalles?”. Chicas, ¡no me digáis que esto no es un trato perfecto! ¿A qué esperáis a aceptarlo!

Hay muchas cosas de las que disfrutar en la vida y la vida es demasiado corta para hacer realidad todas las fantasías.

En fin, si tu marido quiere y tú quieres, ¿por qué no? Ya sé que va en contra de las normas establecidas en esta sociedad. ¿Pero por qué debemos someternos a estas normas si lo que para nuestro matrimonio mejor funciona es otra cosa?

Una noche di el paso y me llevé a uno de mis ligues a un hotel cercano. La experiencia fue positiva aunque muy diferente al sexo con mi marido. Era por un lado mucho más excitante (el estar haciendo algo “prohibido” sin duda es un tanto afrodisiaco). Por otro lado, no es lo mismo hacerlo con una persona que te conoce y con la quién tienes una compenetración total. Aún así, reconozco que tuve el mejor orgasmo de mi vida.

No creo que fuese tanto por las artes amatorias de mi ligue sino que más bien por lo excitante que resultaba la situación. La pena es que mi marido no pudo estar presente (no me atreví explicarle toda la situación a mi amante), pero en parte eso fue mejor pues era libre de hacer lo que quisiera sin ser observada. En todo el tiempo una de las cosas que más me excitaba era saber que luego se lo contaría con todo detalle a mi marido y que él apenas podría contenerse para follarme él y correrse dentro de mi. De alguna forma, aunque mi marido no estuviera físicamente presente, en realidad estábamos haciendo una especie de trío.

Cuando regresé a casa, mi marido y yo hechamos uno de los mejores polvos de nuestra vida. Fue muy corto pero intenso. Ambos nos estábamos hiperexcitados.

La experiencia fue muy satisfactoria para mi marido y para mi. La primera vez siempre es la más difícil, pero una vez dado este primer paso, el resto resultó todo muy fácil.

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Mi vida actual

Soy ama de casa, madre y esposa. Pero sobre todo soy mujer y me siento 100% plena. Como madre y ama de casa lógicamente tengo obligaciones y me debo a mi familia. Pero ser una hotwife es más que nada una cuestión de actitud hacia ti misma y eso lo llevas dentro todo el tiempo. Y precisamente eso es lo que hace que sea mucho más feliz y me afecte menos el estrés del día a día.

En el día a día lo que procuro es vestir siempre sexy. A veces hay que priorizar la practicidad, pero lo más importante es sentirme sexy para mí misma. Esto significa que aunque no pueda llevar ropa sexy o tacones, sí que puedo hacer algunas cosas que solamente yo y mi marido sabemos: por ejemplo si llevo ropa normal, no me pongo braguitas o me pongo un sujetador de ½ copa que hace que mis pezones rocen con la blusa o jersey.

Me visto en primer lugar para mí. En segundo lugar me visto para mi marido. Y en tercer lugar me visto para todos los demás hombres e intento que a todos ellos se les caiga la baba. Cuando hablo con algún hombre, les sigo la corriente si me piropean, aguantándoles el pulso. Y si es delante de mi marido, mejor que mejor (para él y para mi). Siempre soy coqueta y como decía arriba, me encuentro mucho más relajada y feliz en mi vida.

Amo a mi marido, ahora más que nunca. Y mi marido me ama a mi también más que nunca. Estoy bastante segura que el estilo de vida hotwife ha salvado nuestro matrimonio. Como os decía arriba, no es que tuviéramos problemas, pero habíamos entrado en una rutina monótona que hubiera terminado en la convivencia infeliz de ambos o en una separación o en una infidelidad no consentida.

Dentro del estilo de vida hotwife podemos distinguir dos modalidades no excluyentes:

Los símbolos de arriba muestran con bastante precisión de qué se trata. A la izquierda tenemos una pareja monógama tradicional: en muchos casos suele llegar el momento en que la rutina y las costumbres apagan la llama del amor y se pierde la atracción mutua. A la derecha tenemos el estilo hotwife: la mujer está con su marido pero también tiene relaciones con otros hombre. Esto hace que ella resulte más atractiva para su propio marido y se sienta más satisfecha consigo misma.

En este pictograma de arriba se simboliza que la mujer le es sentimentalmente fiel a su marido pero que goza de un amante (o varios) con los que mantiene relaciones sexuales y con los que descubre nuevas cosas que con su marido (por la rutina y falta de chispa) nunca hubiese descubierto.

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¡Vístete sexy!

Una cosa que debes hacer, tanto si eres una hotwife que lo lleva a las últimas consecuencias (acostarse con otros hombre) o si simplemente quieres tener a tu marido más pendiente de ti es vestirte y comportarte de forma sexy.

Lo primero que debes tener en cuenta es que en primer lugar se trata de que tú te sientas sexy. Solamente si tú te sientes así, lograrás transmitirlo a los demás. Debes planteártelo como una especie de entrenamiento para ti misma. Quizá para ir a comprar el pan no te apetezca dar demasiado la nota – es lógico. ¿Qué tal si debajo del vestido no llevas bragas? Solamente tú lo sabrás pero sin embargo de hará sentirte diferente.

¿O qué tal si sales un día con unas bolas chinas en tu vagina (y braguitas para que no se caigan?) Hay muchas posibilidades que no llaman la atención desde el exterior.

Los hombres son muy visuales y esto debemos aprovecharlo. Naturalmente, todo irá en función del entorno en el que os encontréis: en un entorno con personas conocidas quizá prefieras ir un poco más discreta mientras que si sales con tu marido de fiesta o de compras a algún sitio donde no os conocen, deberías ser más atrevida.

Obviamente esto resulta muy sexy para cualquier hombre, ¿no te parece? ¿Te atreverías a vestirte así en un sitio donde nadie te conoce?

Pues como puedes ver, hay mujeres que sí se atreven. ¡Atrévete! (¿No es esto un “sacrificio” adecuado para un matrimonio feliz en el que tu marido esté pendiente de ti y solamente de ti? ¿O prefieres que se vaya fijando en otras mujeres en la calle?)

Sexy por lo general significa enseñar mucha pierna y tacones altos. (Ya lo sé, los tacones altos son un sufrimiento al principio, pero solamente hasta que te acostumbras).

Las minifaldas son ideales para ello. Y combinan muy bien con una blusa o una camiseta desenfadada. Las blusas tienen la doble ventaja de que se puede jugar con su grado de transparencia así como con el escote. ¡En ambos casos, sé generosa cuando vayas con tu marido a un sitio en el que no te conocen!

Las faldas cuanto más cortas, mejor.

Por norma general suele ganar la combinación minifalda y blusa. Los hombres son poco imaginativos: una falda corta invita a subirla y una blusa a desabotonarla, ¡así de fácil! Y no es que necesariamente vayas a hacerlo (¿o por qué no, si la oportunidad es buena?), pero eso es lo que excita a los hombres (¡son tan simples!)

Si eres del tipo dominante (como yo), de vez en cuando quizá prefieras algo más de cuero. (Pero no lo utilices si quieres ligar, a muchos hombres les intimida, pero está bien para recordarle a tu marido quién manda).

¡Y los vestidos, cuanto más cortos, también mejor!

Los vestidos deberían de ser tu segunda opción.

Aunque si tienen aperturas estratégicas, también pueden valer. Chicas, no olvidéis: ¡Piernas, piernas, piernas!

Las transparencias también es algo que debes aprender a dominar y a usar.

Unas bonitas braguitas debajo de algo transparente … ¡sería delito no lucirlas!

¿Te asusta? Al mi al principio sí, pero al final me acabé acostumbrando a pasar de la gente. Por supuesto, no visto así en cualquier lugar. Pero si no me conocen, ¿qué más da? A mi marido le encanta y así me aseguro que está pendiente de mi y no de otras. ¡Poco precio para un matrimonio feliz!

La maestría se alcanza cuando se sabe combinar vestido corto con transparencias con aperturas estratégicas.

Volvamos a la ropa vaquera y a las minifaldas: un look más juvenil con minifalda vaquera también triunfa.

¡Y por cierto, cariño, fíjate cómo hay que agacharse! ¡Nada de flexionar las rodillas, eso está “prohibido” para una hotwife!

Vamos a ver unas lecciones de cómo una “buena” chica debe agacharse, para que no se te olvide:

Si es necesario, puedes flexionar un poco las rodillas, ¡pero solamente un poco!

Con un poco de estilo queda muy bien por detrás. (Pregúntaselo a tu marido … o a otro). ¿Te atreves?

¡Y nada de llevar panties! ¡O la pierna al desnudo o medias! Los panties no son sexys: inhiben la fantasía de cualquier hombre. Recuerda que los hombres son muy simples y cualquier dificultad que se puedan imaginar para meterte mano no es buena. Además, también dificulta que tú o tu marido pueda meterte mano.

Las medias, mejor si las llevas sujetas con un liguero, aunque también valen las que se sujetan ellas solas mediante una banda elástica. Aún así, el liguero tiene algo de especial.

En cuanto al diseño de las medias: mejor de red o de las que tienen la costura por detrás.

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Una reflexión final

Espero haberte dado algunas ideas y haberte animado a disfrutar más como mujer.

Para mi al principio no fue nada fácil hasta que dí el primer paso. Posiblemente igual que tú estaba un tanto extrañada por las fantasías de mi marido y asustada a la vez. Pero todo es más fácil cuando te atreves a dar el primer paso: primero en tu mente, luego en plan “light” en la discoteca y luego el paso final.

Si a tu marido le excita esto, ¡siéntete afortunada y no desaproveches este regalo! En mi caso no solamente hizo mi vida más interesante y excitante sino que estoy convencida de que a la larga salvó mi matrimonio (que de otra forma quizá no hubiera sobrevivido a la rutina diaria).

Mi marido y yo nos sentimos más unidos que nunca y más vivos que antes. Los días ya no son todos iguales: ahora muchos son especiales. Tenemos más recuerdos de los últimos cinco años que de los 10 anteriores y eso nos hace sentir más jóvenes. Ninguno de los dos nos arrepentimos de nada, únicamente quizá de no haberlo hecho antes.

 

¿Qué opinas? ¿Eres un esposa caliente…..?


Fuente: Consejos de Hotwife

 


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