En esta vida nada es seguro salvo la muerte, dicen los cínicos y los descreídos. Si sigues este manual al pie de la letra, la que se morirá de gusto es tu pareja


Somos conscientes de nuestra responsabilidad. Tú buscas respuestas y tenemos que estar a la altura. No queremos simplemente que tu chica experimente un clímax para salir del paso; buscamos, como dice la autora de un artículo reciente en ‘Men’s Health’, que tus vecinos odien tu vida sexual. Que te envidien por la calle, porque semejantes gemidos no se pueden aguantar. Y, cómo no, para eso estimular el clítoris es el primer mandamiento. Y unas paredes de papel…

El terapeuta sexual Ian Kerner, autor de ‘Las damas primero’ (‘She Comes First’, un juego de palabras entre el verbo ir en su sentido literal y en el figurado de ‘irse’, ‘llegar al orgasmo’), insiste en ese mantra que tanto se repite… y tan poco se pone en práctica a juzgar por las quejas más habituales en los foros femeninos ‘on’ y ‘offline’. Los estudios, afirma el terapeuta, muestran que la sala de máquinas del orgasmo femenino es el clítoris, y no la vagina. Como este apéndice está a cierta distancia de la entrada de la vagina, entre 2,5 y 4 centímetros, la mayoría de las posturas no llegan al quid de la cuestión.

Estamos seguros de que en una o varias de estas posturas, inspiradas por las enseñanzas de este autor, encontrarás el Santo Grial que os hará disfrutar a la vez. Ojo: nos referimos a que, a la vez que tú disfrutes, ella llegue al orgasmo. Buscar que el orgasmo en sí sea simultáneo es demasiado arriesgado cuando hay problemas. Recuerda: las damas primero. Y las pecadoras lascivas, lo mismo.

El pretzel

¿Conoces esos aperitivos salados alemanes en forma de lazo?

Esta postura sabe aún más rica, sobre todo si te centras en la fricción y te olvidas del ‘metesaca’ convencional por un rato. Ella se tumba boca arriba y tú te aproximas de lado hacia ella. Ella separa las piernas y os entrelazáis, introduciendo tu pierna superior entre las suyas. Así rozarás el clítoris con la parte interior del muslo que has puesto sobre él.

Como siempre es mejor si, en vez de ‘dentro y fuera’, haces una penetración en círculos, del tipo descrito por Kerner como molinillo de café. Como un molinillo de café con pétalos de rosa en lugar de cuchillas, claro.

Y acuérdate de usar las manos suavemente: en este ángulo lateral podrás hacerlo, algo imposible en el ‘misionero’.

Frente a frente

La mejor forma de ‘enfrentarse’ que se ha inventado. Siéntate al borde de la cama, o en un sofá cómodo, y que ella lo haga sobre ti. Como el peso lo lleva ella, puede tocar fácilmente el punto de su cuerpo con más terminaciones nerviosas por milímetro cuadrado.

Lo ideal para los dos es ir convirtiendo este roce en una penetración cada vez más profunda. Con tu cuerpo moviéndose a ras de su clítoris, conseguirás el máximo contacto. Si tenéis una altura media, sus pezones quedarán cerca tu boca. ¿Tenemos que darte más explicaciones?

Si aún es poca conexión para ella después de un rato (no vayas cambiando de ángulo a cada minuto si no quieres desconcentrarla), prueba a inclinar más su cuerpo hacia atrás. Kerner recuerda el movimiento que harías durante un baile, sosteniendo un poco más su peso para que pueda relajarse.

El salto de la rana

Con ella arrodillada de espaldas a ti como en el clásico ‘perrito’, si apoya los hombros en la cama provocará más fricción entre tu miembro y su punto G, o algún lugar cercano (dependiendo del tamaño exacto de tu pene), la otra gran clave técnica de las experiencias sexuales más satisfactorias para las mujeres.

A menudo el motivo por el que la relación no está funcionando está en el cerebro, pero cuando no se trata de comunicación y relajación sino de falta de contacto, puedes, de nuevo, pasar a la estimulación manual, aunque ahora el clítoris queda un poco más a desmano que en las posturas anteriores. Y, otra vez, intenta no limitarte al modo ‘zambomba sexual’… a no ser que te lo pida, claro.

Si ella está apoyada con las manos en lugar de los hombros, es decir, en ‘doggy style’ tradicional, también puede funcionar, especialmente si tienes una buena longitud de brazos para tocarla bien. Otra variación es la que podríamos llamar ‘la carretilla’: sigues erguido sobre tus rodillas y ella, de cara a ti, te rodea con las piernas y apoya la cabeza en la cama. Esto aumenta la conexión con el clítoris, pero tendrás que ayudarla sujetando sus piernas. Es ideal sobre todo si tu chica está hecha una sílfide.

Misionero

Un clásico que acude en tu ayuda a la hora de estimular el clítoris. Es quizá la forma más sencilla e intuitiva de unir los deseos de los dos rápidamente, pero la pega es que suele acelerar la eyaculación, al dar todo el control del ritmo a la parte masculina del tándem.

Si no va bien, puedes probar a separar más tu cuerpo hacia arriba, como si hicieras ejercicios lumbares: juega con la pelvis y será un orgasmo cien por cien garantizado.

La concha marina

Tu posición es como la que adoptarías en el misionero, pero para ella la cosa es muy distinta: sus piernas están completamente abiertas y hacia atrás, casi rozando sus hombros, así que es una idea solo apta para momentos en los que la temperatura haya subido mucho y ella necesite artillería pesada. Su vulva queda muy expuesta, no solo el clítoris sino también la parte interior de los labios.

Si no reacciona como queremos, con suspiros de placer, aleja un poco tu tronco y observa. Un punto intermedio entre la concha marina y el misionero (las piernas de ella, abiertas y hacia arriba pero aún por debajo de tus brazos) puede ser la solución.

¿Qué opinas? ¿Hay mejores posiciones? Déjanos tus comentarios abajo.


Fuente: El Confidencial


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