Todo comenzó hace algunos años cuando mi mujer, algo mareada por los efectos del champagne, me confesó en nuestro lecho de amor que había venido teniendo una serie de inquietudes con respecto a ella, pués tenía fantasías que la excitaban mucho. Me dijo que en nuestro último viaje a Las Vegas, en donde asistimos juntos a uno de esos lugares en los que las mujeres se desnudan y contorcionan al ritmo de la música, le había ocurrido por primera vez.

Cuenta que sintiéndose alejada de la cotidianeidad y de la gente conocida, decidió entregarse por completo al gozo que pudiera experimentar por esos lares y que increiblemente fué en principio mi sóla mirada posada desenfadadamente en el cuerpo desnudo de una bella mujer lo que la excitó enormemente y simplemente quiso compartir conmigo las sensaciones que provocaba en mí la proximidad de un sensual y hermoso cuerpo de mujer desnuda. Me platicó que en su inconfesada excitación pasaron por su mente mil imágenes eróticas en las que aparecíamos ella, yo y otra mujer. Me hizo recordar la forma tan salvajemente apasionada en como hicimos el amor aquella noche y me confesó que en su mente habíamos tenido sexo ellas dos conmigo, razón por la que había disfrutado tan intensamente aquella relación.

Conforme pasó el tiempo, adoptamos como una fórmula de excitación mutua en nuestros encuentros íntimos, la de recordar esas escenas. Las fuímos incrementando con nuevos episodios imaginarios e incluso jugamos a que eramos los personajes que aparecían en las películas pornográficas que veíamos juntos. Alguna vez, al borde de la excitación, me dijo que deseaba hacer realidad aquellas fantasías, ya que si el sólo hecho de imaginarme a mí haciéndole el amor a otra mujer en su presencia la elevaba tanto, sentía muchas ganas de experimentar lo que sería en la vida real, pués a ella tambien le gustaría sentir la delicada piel de otra mujer. La imagen o fantasía más frecuente era la de un beso compartido por tres bocas. Y que decir de un abrazo de dos mujeres y un hombre desnudos que rosan sus apasionados cuerpos desnudos. Cuando ya nos habíamos platicado hasta lo más íntimo de nuestros deseos e inquietudes, fué cuando nos fuimos de vacaciones a una playa nudista en la que quisimos liberarnos por completo de todas las ataduras y convencionalismos sociales.

Ahí, la primer noche, entéramente desnudos nos metimos en una piscina del jardín, en donde había otras parejas, tambien desnudas, y al cabo de unos minutos nos veíamos con tanta naturalidad y libertad que nos sentimos extraordinariamente bien. Las parejas, casi todas extrajeras, iban y venían, platicaban, bromeaban y parecía no importar en lo absoluto que no tuvieramos puesta ropa alguna. Tomamos varias copas de vino y otras bebidas y la noche se fué haciendo cada vez máz obscura, hasta que sólo las estrellas iluminaban la escena de unas cuantas parejas que quedaban. Ya casi para amanecer, se despidió de nosotros la única pareja que quedaba, a la que les dijimos que la habíamos pasado muy contentos. En un gesto de agradecimiento por nuestras palabras, “ella” se acercó a nosotros, todavía dentro de la alberca, y nos dió un beso de despedida, primero a mí y luego a mi mujer, pasando de inmediato a un abrazo al desnudo acariciado con algunas gotas de agua cálida. Sentir sus firmes pechos sobre mi cuerpo y al mismo tiempo rozando los pechos de mi mujer, fue una experiencia explosivamente excitante que me produjo una erección inmediata y el estremecimiento inevitable de mi mujer. Al percatarse de nuestra reacción, el compañero de ella le indicó que le diera a mi mujer un gran beso al estilo de ellos, lo que hizo de inmediato y sin habérnoslo esperado se produjo una de las escenas eróticas más candentes que pudiera haber imaginado. Arrastrados literalmente por el momento, mi mujer besó en la boca de manera apasionada a nuestra nueva amiga y se fundieron en un abrazo total que las llevó a las caricias mutuas en cada rincón de sus cuerpos.

Al darse ellas cuenta de que su encuentro era inevitable, continuaron besándose y ella llevó a mi mujer a una orilla de la alberca en la que la sentó y continuó besando por todas partes. Yo estaba extasiado con esas imágenes y mi mujer me veía de vez en vez con sus ojos entreabiertos al tiempo que disfrutaba de los besos que ella le daba entre las piernas y sobre su escaso vello vaginal. Aún tengo presente y casí puedo escuchar el sonido de sus placenteros gemidos cuando con la lengua estimulaba vigorozamente su clítoris. No recuerdo con precisión que pasó despues de que mi mujer tuvo su orgasmo, pero se separaron y nos despedimos todos por fin. Ya en la habitación, mi mujer y yo hicimos el amor el resto de la noche inspirados en lo que acababamos de vivir. Antes de dormir, recuerdo, fué cuando surgió el nuevo nombre con el que llamamos desde entonces a nuestra relación, que vá más allá de ser simplemente amigos, esposos o amantes, la habíamos convertido en una ….COMPLICIDAD ERÓTICA


Fuente: Galeon.com

 


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